Las últimas semanas han sido una locura; eso sí, una bendita locura. Presentaciones y entrevistas, y, sobre todo, los preparativos de todas ellas, me han comido prácticamente todo el tiempo que no he dedicado a mi hija de 4 años o a dormir o comer. Por cierto, me ha sorprendido lo que he echado de tiempo en este tiempo leer algo que no tuviese que ver con Hitler, su muerte, el nazismo, la Segunda Guerra Mundial... Por casa andaban (y siguen) los ejemplares de lo último de Almudena Grandes y Paul Auster y cada día me costaba más no coger cualquiera de ellos y sumergirme en sus páginas.
Han sido, en cualquier caso, unas semanas que me han regalado un buen puñado de imágenes, momentos y experiencias que sé que me acompañarán ya el resto de mis días. La mayoría creo que no podrá borrarlas ni el paso del tiempo. Permanecerán en el recuerdo -y el corazón- para siempre. Así que solo puedo dar las gracias por semejante regalo. He recibido mucho más de lo que esperaba cuando me puse a escribir 'La sombra del Führer'. Ahora estoy seguro de que fue un acierto rescatarla del cajón en el que permaneció durante más de 3 años por diferentes circunstancias, circunstancias que posiblemente tuviesen más que ver con jugarretas que a veces te juega el coco que otra cosa.
Presentar la novela en mi pueblo natal, Rota (Cádiz) y en mi ciudad de acogida, Jerez, ha superado todas las expectativas personales que me había creado. No solo por la cantidad de gente que han asistido a ambas veladas, que también, sino, sobre todo, por los momentos que me han regalado, como comentaba antes. Ver a mi familia; a mi niña lanzándome besitos mientras yo hablaba; los gestos de complicidad con mi esposa; a mi madre con cara de satisfacción; a tantos amigos; a tantos conocidos, muchos de ellos a los que no veía hacía tiempo; también a personas a las que no había visto en mi vida; a mi profesor cuando yo tenía 6 y 7 años, don Juan; al alcalde de mi pueblo, Javier Ruiz Arana, acompañándome; a mi escritor preferido, el Premio Nacional de Literatura Felipe Benítez Reyes; a Dolors Alberola; a ex compañeros de trabajo... Y compartir 'escenario' con Javier Benítez, Prudente Arjona, Richard Black el Quijote, Ángel Morales o el 'lector sin nombre'... Conocer a personas tan generosas y profesionales como el roteño Fulgencio... No sé, hay tantos y tantos momentos que creo que nunca se lo podré agradacer bastante ni a la novela, ni, sobre todo, a las personas que me animaron a tirar adelante con la misma. Ell@s saben quiénes son.
No es fácil presentar tu novela. Es un ejercicio con trampas. Nunca sabes cómo va a recibir la gente lo que quieres contarles. Eso de 'presentar en sociedad' a tu criatura, de sentir la absurda necesidad de agradar, impone. He querido que fuesen presentaciones diferentes, amenas, que ofreciesen algo más que los elementos 'publicitarios' que siempre existen en este tipo de veladas. Lo que más me importaba, que el protagonismo fuese para el libro, no para su autor. Quería que la gente se marchase con un buen sabor de boca, no con la sensación de aburrimiento o de haber perdido el tiempo.
Dicho todo esto, que ha podido quedarme un poco ñoño, toca ya pasar página y ponerme manos a la obra. Seguiré defendiendo mi criaturita 'La sombra del Führer' durante un tiempo allá donde quieran escucharme, es lo que toca, pero toca también ponerse también a teclear de nuevo. Hay nuevos embarazos a la vista. Dos, concretamente, ya han iniciado su periodo de gestación. Espero poder hablar pronto de ellos. A quien quiera escucharme... o leerme.
Gracias.







No hay comentarios:
Publicar un comentario